Antecedentes

La organización de la procesión del Santo Entierro se realiza en el municipio de Cañete desde tiempo inmemorial. Desde el Concilio de Trento hasta el Siglo XIX, la Cofradía de la Santa Vera Cruz sería la encargada de organizar dicha procesión dentro de su distintas salidas procesionales que realizaba tal y como vienen realizando en la actualidad las distintas hermandades de Pasión.

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Fachada de la primitiva ermita de la Vera Cruz

No fue hasta la postración de la primitiva Cofradía de la Vera Cruz cuando empieza a adquirir importancia la hermandad del Santo Sepulcro como tal, principalmente porque la la cofradía cuya sede estaba en la calle Santa Cruz, después de tener que asumir la supresión de los disciplinares cada Jueves Santo por orden del Rey Carlos III, pierde parte de su popularidad, descansando esta más en la advocación de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

La relación de las cofradías con el pasado tiene mucha importancia. La antigüedad como elemento que define el pedigrí de una hermandad se generaliza y la gran mayoría se agarra a cualquier elemento para certificar esa longevidad. Lápidas, escritos privados, testamentos, documentación en iglesias, … En el caso de la hermandad negra se ha pensado en numerosas ocasiones que son herederos naturales de la misión encomendada a la cofradía veracruciense. Han compartido advocaciones y han organizado la procesión del Santo Entierro desde hace varios siglos. Incluso la procesión del traslado del Cristo Yacente es un guiño de los cofrades cañeteros de mediados del siglo XX a esos primitivos cofrades que se flagelaban la espalda. Elías Caracuel Moyano, hermano mayor fundador de la hermandad en el año 1948 describe a una hermandad del Santo Sepulcro antigua con sede en el convento de San Francisco -actual convento de la Esperanza- y con una serie de advocaciones muy similares a la extinta Cofradía de la Vera Cruz. Al margen del Cristo Yacente, cuenta en su escrito que procesionaban las advocaciones de la Virgen de los Dolores, que provenía de la ermita de la Vera Cruz y que salía a las calles de Cañete desde tiempo inmemorial; Jesús Orando en el Huerto y la del Amarrao a la Columna. El convento de San Francisco tuvo que vivir una etapa de enorme ebullición cofrade, toda vez que en sus paredes se encontraban una amplio elenco de imágenes provocado por el cierre y desacralización del templo de la Vera Cruz.

Pero si hay un elemento que engarza el pasado de la cofradía de la Vera Cruz con el Hermandad del Santo Sepulcro hay que buscarle en un informe del párroco de la iglesia parroquial de Cañete, Federico Soria, en el año 1914. En el inventario de los distintos templos describe también el ajuar de las imágenes. Del informe llama la atención una bandera con una cruz verde, escudo de la cofradía de la Vera Cruz, en poder de la hermandad del Santo Sepulcro:

“Una túnica terciopelo morado para María Magdalena; una colcha de damasco seda color oro y gasa para el Santo Sepulcro; una capa terciopelo grana con incrustaciones de oro fino para el señor de la humildad; una funda almohada de holanda de hilo bordada; una bandera de seda negra con cruz verde y flecos y cordones de seda. El informador apunta que “todo esto se encuentra en casa del hermano mayor del Santo Sepulcro“.

Los años 30 del siglo XX fueron una década negra para todo lo relacionado con el catolicismo. La devastación de iglesias llegó también a Cañete y parece ser que con una virulencia extrema. No hay referencia de que se salvará imagen alguna de esa época. D. José Quintana, párroco, afirmaba en un informe realizado en el año 1937 que “no había quedado ni una imagen ni altar…y que había podido recoger y salvar varias alhajas y objetos”.

Fundación

No será hasta bien entrados los años 40 cuando se recupera la religiosidad popular tras el parón provocado por la guerra incivil. En 1941 el sacerdote Francisco de Paula Ruiz Herrero, es destinado a Cañete procedente de Cabra como ecónomo de la parroquia de Nuestra Señora de la Asunción. Los años 1945-46 van a ser claves en la conformación de un grupo que se erigiera en protagonista cofrade y lograr devolver una de las señas de identidad más arraigadas en el municipio: la Semana Santa en la calle. El párroco Francisco Ruiz Herrero, se erige en el impulsor de devolver a Cañete el fervor popular vivido en las calles de Cañete a través de sus procesiones durante siglos y apadrina ese grupo que se estaba fraguando en la rama de jóvenes de Acción Católica, y que años después daría su fruto. Bajo su tutela en el año 1948, se producen los pertinentes encuentros con el fin de llegar a la conclusión de que sería beneficioso para la labor pastoral encomendada al párroco el constituir una hermandad. En los meses siguientes se acuerda realizarla y se parte con 33 hermanos activos. El exterminio de imágenes una década atrás sólo había dejado la imagen de Nuestra Señora de la Soledad y parte de la del Nazareno, por lo que se planteó en un primer momento formar la hermandad bajo la advocaciones de estas efigies ya consolidadas entre los cañeteros. El párroco Ruiz Herrero propuso “que había de ser bueno la rehabilitación, restauración, de aquellas otras advocaciones que un día habían tenido culto con sentida devoción por los vecinos de Cañete”. Esta reflexión provocó que la comisión organizadora eligiera la advocación del Cristo Yacente, Nuestro Señor del Santo Sepulcro. El mismo Consiliario ya de la hermandad propuso, si así lo estimaba la comisión organizadora, de incluir también la Virgen de la Piedad, propuesta hecha por el devoto Manuel Perales Torralbo, debido a una promesa realizada por su esposa. Con esto se cerraba el nombre de la nueva asociación religiosa: Hermandad de Nuestro Señor del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Piedad. Se elige como escudo la Cruz Recruzada de Jerusalén y el hábito que se elige es el de color negro símbolo de recogimiento, austeridad, dolor y luto.

El siguiente paso para la recién nacida corporación cañetera era plantear el acto de regla de manifestación pública de procesionar las imágenes. En el horizonte estaba la Semana Santa de 1949 y para ello se hicieron colectas para lograr financiación que permitiera salir a la calle de la manera más digna. La noticia más emocionante para los primeros negros estaba parece ser en un arcón de la parroquia porque en él se localizaron enseres de la antigua hermandad del Santo Sepulcro. En él se encontraron “un estandarte en damasco de seda negra en mal estado con el escudo de la hermandad, una cabeza y parte de cetro de plata de hermano mayor, una corona de espinas plateada, una corona en plata, un corazón con cinco espadas, una media luna de plata”. Los últimos tres artículos fueron entregados por Doña María Ortega Contreras a la comisión gestora. Los prolegómenos de la primera salida fueron indescriptibles para los que lo vivieron, ya que todo es nuevo, itinerarios, cortejo, orden, horarios, todo merece un tiempo por la novedad de cada movimiento. A las seis de la tarde estaban convocados los cofrades en la ermita de Jesús. A esa hora el sonido de la banda retumbaba en la ermita. Otro sonido que se hará identificativo de un tiempo fue el de los caballos de la Escuadra de Romanos que abrirían el cortejo, organizado por Manuel Hita Navarro. Las puertas de Jesús se abrieron a las seis y media de la tarde encabezado por dos portadores de los ciriales. Le seguían dos filas de nazarenos, en el centro el estandarte portado por un directivo, escoltado por dos aspirantes, seguido de una grupo de infantiles-aspirantes que “revestidos con túnica y esclavina llevaban alegóricos atributos”. Por último, el paso de la Virgen de la Piedad a hombros de los portadores. Cerraba el cortejo la representación corporativa. Esta procesión estaba integrada sólo por los cofrades de la hermandad, que en esa primera ocasión contó con treinta y cuatro nazarenos en total. Ese momento queda mucho mejor descrito en el primer pregón que se conoce de la Semana Santa de Cañete, realizado por José Luis Castro y Castro, cofrade miembro de la Comisión Organizadora, en marzo del año 1950: “Las calles están llenas de gente que se agita nerviosa e inquieta; van de aquí para allá como quien está en espera de una gran acontecimiento. ¡El gran acontecimiento, precisamente! Por doquier, mujeres cubiertas de velos sus cabezas. Olor de cera, de incienso, de romero… Seguís andando de aquí allá pero de pronto ¡algo pasa! corre la gente a un lugar determinado; se llaman unos a otros. Pero inmediatamente comprendéis, ¡la procesión está saliendo, oís gritar! Ya está en la calle. Ya se oyen los tambores…”. Una vez llegado el cortejo a la iglesia parroquial se organiza la procesión oficial del Santo Entierro con la incorporación de la Imagen del Cristo Yacente rodeado de una guirnalda de flores. En esta procesión ya se incorporan los fieles que quieren alumbrar, las corporaciones parroquiales, Hijas de María, Corazón de Jesús, Acción Católica y hermandades, todos con sus estandartes y banderas con señales de luto. Delante de esta comitiva iba la Virgen de la Piedad encabezada por dos nazarenos portando el cojín de la Corona y los Clavos. Cerrando el cortejo, el Cristo Yacente custodiado por la Guardia Civil y justo detrás el clero parroquial, las autoridades del municipio y la banda de música.

TriPiedad

En 1954 se incorpora la advocación de Nuestro Padre Jesús Orando en Huerto. Tres años después el obispado de Córdoba concede la erección canónica de la hermandad negra aceptando la propuesta de estatutos emitida. Posteriormente en el año 1958 se logra recuperar una de las grandes devociones de Cañete a lo largo de su historia, la que los fieles le tenían a la Virgen de los Dolores. No fue hasta el año 1961 cuando procesionó por primera vez.

En el año 1999 se celebró en 50 aniversario de la hermandad con una serie de actos que culminarán con una salida extraordinaria de Nuestra Señor del Santo Sepulcro, efigie adquirida en el año 1968 al insigne imaginero sevillano Antonio Castillo Lastrucci.