Cañete es diferente. Para lo bueno y para lo malo. En Semana Santa también. Bueno, en sus tres semanas santas para ser exacto, que de manera paralela alimentan una fiesta que para muchos es la fuente de energía de su propia evolución común: la no unión. En esa identificación tridimensional aparecen muchos elementos que la hacen única. La procesión blanca de La Borriquita, como en cualquier lugar del orbe cofrade, es la procesión de los niños por antonomasia. La explosión del inicio, la ilusión desmedida por que todo comienza, la luz, la alegría, el blanco radiante, todo con la lógica que desprende cada domingo de ramos. Ese momento se contrapone con el negro, el silencio, la oscuridad, la penitencia,…Es la otra procesión de los niños. Es la procesión de Las Cadenas.El Traslado del Cristo Yacente al Sepulcro es la estampa que más se asemeja a lo que pudieron hacer los disciplinantes de la primitiva Cofradía de la Vera Cruz cañetera hace más de cuatro siglos. Sin luz artificial, con el olor a perrubia de la antorcha mezclada con incienso amargo y con una liturgia simple de canto de letanías en la noche de la luna llena de Parasceve, se produce ese momento que todo niño quiere vivir con la impresión propia de la inocencia pueril. Quien no recuerda la primera vez que vio esta estación de penitentes entre las rendijas de una ventana o agarrado a su padre, echando un paso atrás, para sentir la seguridad que no le transmite lo que en ese momento ve. Quien no ha sentido un escalofrío al oír el racheo de una cruz penitente, de una cadena arrastrada trufada con el sonido de un tambor destemplado que rompe el auténtico ruido de la noche: el silencio.
Aquí volvemos siempre a rememorar estampas de la niñez. En esta estación precisamente. Lo lúgubre atrae. Es esa archiconocida y requetehablada idea o concepto de vuelta a la niñez en estas fechas. De hecho, para muchos que ya no son niños aun existe una noche de reyes en la que el cosquilleo y los nervios se apoderan de él. Es la víspera del Domingo de Ramos. Es la eterna paradoja que nos ofrece la Semana Santa. O la vida misma. También los niños, muchos, tienen en la noche más bonita del año, la del Jueves Santo, su segunda vigilia de reyes, la de la espera, sin apenas dormir, de la procesión de Las Cadenas.
